Desentrañando el Misterio del Tarot




Según puede colegirse de los párrafos precedentes, Thoth fue un ser de características mitológicas, depositario de gran sabiduría. Las muy antiguas tradiciones nos refieren que a él se debe la invención de las cartas del Tarot o sea El Libro de Thoth.

Todo el conocimiento escondido en esos naipes fue mantenido en secreto a lo largo de los siglos por los sacerdotes del Antiguo Egipto. Es bien sabido, por otra parte, que las doctrinas ocultas sustentadas por aquéllos, sólo eran transmitidas a los iniciados, es decir, a quienes luego de atravesar y aprobar diferentes pruebas, demostraban ser dignos depositarios de la verdad.
Dícese, además, que las misteriosas figuras de las cartas del Tarot fueron inscriptas en templos subterráneos por los sacerdotes administradores de la verdad de Thoth.

Esas inscripciones extrañas, grabadas en piedra según algunos, captadas videntemente según otros, recogidas por “conocedores” auténticos según ciertas agrupaciones misteriosas que aún subsisten, son las portadoras de una, verdad parcelada que llega hasta nosotros con interpretaciones diversas.

Quizá lo más atinado sea advertir al lector que el paso de las edades incluyó, en esas corrientes de verdad simbólica, un conjunto de enfoques personales, distorsionados según el pensar religioso de cada pueblo o agrupación esotérica que se apropiaba de esas figuras exóticas impregnadas de sentido oculto.

Algunas Respuestas Objetivas

El destino del hombre, objeto de sus más profundas dudas e incertidumbres, cuyo ineluctable cumplimiento nos abisma en su profundidad, posee para muchos el carácter terrible de lo ignoto, de lo incognoscible.

No obstante, le han sido proporcionados al ser humano, por supremo designio, los medios, vastos y variados, para desentrañar el misterio que envuelve su porvenir.

El vuelo de los pájaros, las cenizas de los leños que se consumen, el movimiento preciso de los astros, las hojas de té en el fondo de una taza tienen para el iniciado el carácter de señales que revelan el futuro.

La cartomancia, arte supremo de la adivinación mediante las cartas, es uno de los innumerables medios a que aludimos: en realidad, uno de los más importantes.

La sabiduría oriental de las edades pretéritas nos ha transmitido los secretos de esta ciencia, en especial en el antiquísimo libro de Thoth, resultado de la búsqueda incansable de los sabios egipcios y caldeos.

En este libro, que consta de 78 (setenta y ocho) jeroglíficos se hallan los fundamentos de estudios posteriores relativos al tema, y se basan muchos de los actuales conocimientos de cartomancia:

Son infinitas las posibilidades de esta ciencia, pero aún mayores son sus realizaciones. El futuro se devela, entrega toda su profundidad a los cartómagos genuinos. Con estos conceptos, un sabio como el Dr. Moorne puso de manifiesto las verdades del Tarot.
 
El Hermetismo y sus Implicancias

A este respecto bueno es apuntar que las cartas del Tarot guardan estrecha relación con el hermetismo en general. ¿Qué es el hermetismo? Nada menos que un conjunto de conocimientos, teóricos unos, prácticos los otros, relativos a cuestiones ocultas. Su participación implica siempre un grado menor o mayor de iniciación. Esta iniciación se remonta a la época del Antiguo Egipto y representa, en todos los casos, una apertura mental, una incursión en reinos suprafísicos, una captación de la Verdad Absoluta a través de principios sutiles, metafísicos, cuyo dominio corresponde única y exclusivamente “a los que saben”.

La disciplina hermética ha tenido múltiples y renombrados cultores a lo largo de los siglos: Fabre d’Olivet, Papus, Eliphas Levi, Paracelsi, Hermes Trismegisto – son algunos nombres célebres, conectados directamente con esta faz del conocimiento humano.

Si el Tarot fuese tan sólo un juego de niños, una especulación ficticia, un engaño consentido pacientemente por investigadores de todo calibre, no habría podido resistir el transcurso de las edades. Es bien conocido que los sacerdotes del’ Antiguo Egipto, al tanto de las imperfecciones de la naturaleza humana, desearon íntimamente que estas verdades atesoradas en las cartas se perpetuasen de una u otra manera. ¿Qué mejor medio entonces que la utilización misma de la imperfección del hombre? A través del juego en sus diversas manifestaciones, esas cartas, que albergan un fondo de sublimidad irrefutable, fueron pasando de una generación a otra. Por supuesto, fue menester ir introduciendo variaciones. Así nacieron las barajas españolas, inglesas, etcétera. Cada una de ellas lleva un sello identificador que las remonta a aquellos tiempos del Antiguo Egipto. La baraja de hoy, no es nada más ni nada menos que una transmutación de las sabias imágenes inscriptas en el Libro de Thoth, es decir, en las cartas del Tarot.

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