El Ambiente adecuado para el Tarot
Si deseamos internamos en el sendero de la cartomancia es preciso que contemos con la cooperación directa e insoslayable de sentimientos, actos y pensamientos. Algunos llegarán a concretar esto de modo práctico o científico, otros de modo intuitivo. Pero, en última instancia, nos igualaremos todos porque cuanto sentimos, conocemos y realizamos, se canaliza a través de nuestro yo más íntimo, de nuestro yo íntegro.
Bastaría que sólo uno de esos elementos estuviese ausente para que la concreción se desvirtuara como algo ilusorio, como un sueño o un espejismo. Ese conocimiento, ese sentimiento y esa acción generan actos sucesivos, y su única positividad dependerá, indudablemente, de su dinamización.
Sólo podremos realizamos como cartómagos en el sentido cabal de la expresión si somos dueños de un conocimiento bien definido de aquellos sobre lo cual volcamos nuestros esfuerzos.
Antes de actuar, en ningún momento se someterá al cerebro a la horrible opresión de ideas monótonas, entristecedoras, amargas. Todo ello repercutirá perjudicialmente. Cuantas veces suceda esto, usted no tendrá otro recurso para carga “su batería mental” que recurrir al reposo.
Abstenerse de todo género de sedantes o hipnóticos para conciliar el sueño, será condición indispensable para que ese descanso sea lo suficientemente tonificante y reconstituyente. Las drogas, cualquiera sea su especie o procedencia, no son benéficas para la salud integral, en lo que al sueño se refiere. El sueño deberá llegar en forma natural para que sus propiedades no se desvirtúen y el mecanismo psicofísico, que activa los elementos magnéticos, se revitalice de sus naturales desgastes.
Tenga esto como verdad manifiesta en todos los actos de su vida: su dinamización mental tendrá como resultado su dinamización magnética y esta última es factor importantísimo en el ejercicio de la cartomancia. La dinamización mental y la dinamización magnética se complementan a la perfección. Lo interno (la mente) y lo externo (la potencia magnética) significarán, en el manipuleo de las cartas, creatividad, discernimiento, perspicacia, celeridad interpretativa, claridad conceptual, espíritu alerta, coordinación inmediata, reflejos aptos para la ocasión en ciernes; en síntesis: equilibrio emocional.
No olvide que su concentración permitirá que se pongan en juego una serie de recursos naturales hasta ahora insospechados.
Sí sabe graduar su concentración, los resultados obtenidos serán maravillosos.
El ambiente donde desarrollará su actividad deberá adecuarse cabalmente a las circunstancias. Una suave penumbra permitirá dar curso a una apropiada concentración. Quemar incienso o mirra impregnará el lugar de un clima místico y propicio para la adivinación. La orientación de la mesa donde se echarán las cartas, y la ubicación misma del operador quedan sujetas al propio albedrío, a la propia decisión, ya que sobre este particular los autores más eminentes no se ponen de acuerdo. Si se desea, puede introducirse cierta música suave, conducente a un estado de quietud espiritual y mental, o dicho de otro modo, a un estado de tranquilidad integral.
La cartomancia es un arte milenario que responde a un solo objetivo: hacer el bien a nuestros semejantes.
EN NINGUN CASO PODRA REALIZARSE POR LUCRO, es decir, PARA GANAR DINERO. En tal circunstancia, la cartomancia es un engaña bobos, una trampa, un ardid fuera de la ley, merecedor de la peor condena y de la máxima persecución. Echar las cartas implica un buen estado de conciencia para con uno mismo y con los demás. Implica amar al prójimo como a uno mismo y estar dispuesto a prodigarle todos nuestros cuidados en cuanto a la solución del problema que le aqueja.
Sólo corresponden a las ferias de diversiones, sedes del embaucamiento colectivo, los recintos ornamentados con lúgubres cortinas y los cartómagos revestidos de atuendos aparatosos y solemnemente impresionantes.
Para ejercer la verdadera cartomancia es preciso hallarse vestido de una manera convencional, sin prendas llamativas, sin colores demasiado vivos. La conversación entre operador y consultante será siempre amable, exenta de expresiones altisonantes o difíciles. A media voz es el mejor modo de entenderse entre ambos.
No está fuera de lugar que el operador efectúe antes de iniciar la sesión ciertas preguntas al consultante. Estas pueden girar, adecuadamente, respecto de la edad, estado civil, ocupación y lugar de residencia. Esto responde a una razón elemental: la cartomancia no implica una adivinación cabal de vida, obra y milagros de una persona cualquiera sino la exposición de sus perspectivas vitales, de sus posibilidades, de sus ocasiones de triunfo y, ¿por que no?, también de fracaso.
El cartómago será en todo momento discreto. Su discreción le conducirá a un excelente contacto personal con el consultante. Sus palabras deberán ser más bien estimulantes que deprimentes. En muchos casos, la carta o las cartas indicarán pormenores nefastos o, si se prefiere, negativos. No es preciso, en ningún instante, “cargar las tintas” sobre perspectivas ominosas. En tal caso el cartómago se limitará a ofrecer al consultante un conjunto de decisiones o actitudes para que el consultante se oriente y eluda o disminuya los malos efectos que sobre él pesan o pesarán en un determinado tiempo de su existencia.
Habrá de recordarse siempre que “los astros se inclinan pero no obligan”. Este es un axioma en astrología. También lo es en cartomancia y, en general, en todo lo atinente al ocultismo. Las reservas humanas de pensamiento, espiritualidad y fuerza de decisión pueden torcer más de una perspectiva poco halagüeña.










