La importancia de la Cartomancia
Adivinar no es un simple pasatiempo Tampoco entraña una superchería ni una mistificación. Son muchas las personas que cuentan con esos extraños poderes, nacidos de una fuente que la parapsicología está estudiando detenidamente.
La adivinación por medio de cartas tampoco es un mito ni un engaño. Lo que muchas veces se nos presenta es que existen individuos despojados de toda valla moral o ética y se comiden a utilizar las cartas más bien con propósitos lucrativos que con un interés realmente edificante, beneficioso y caritativo. Efectivamente, caritativo, porque quien echa las cartas con espíritu imbuido de nobles sentimientos, deberá en todos los casos estar revestido de “las armas de la luz” de que hablara Pablo y, particularmente de hondos sentimientos de caridad pues el amor al prójimo ha de ser el impulsar de tales operaciones cartomágicas.
Por lo demás, si no se ha contado con un guía, maestro o gurú experimentado ni se han consultado obras serias de la especialidad para encarar ese género de actividades, lo más probable es que el resultado sea el error, el desvarío y, en la mayoría de los casos, el timo, el fraude. Las cartas con las que se practica la adivinación son un elemento necesariamente serio. Si se las toma a la ligera, es posible que se produzca más daño que beneficio no sólo en el consultante sino también en el operador.
La Fe: Elemento Indispensable
Quien tenga que consultar las cartas, o acudir a quien la haga por él, deberá en todo instante estar convencido de que lo que realiza es importante, ponderable, cierto. El grado de fe en la aplicación de este sistema adivinatorio es de primordial importancia. Si alguien desea sanar de una enfermedad y acude a un galeno, es seguro que se recuperará con mayor prontitud si, a las medicinas a que aquél le prescribe, suma su elevado grado de confianza y fe en que se recuperará. Somos un compuesto psicofísico, es decir, somos cuerpo, carne, materia, pero también sutilidad, espíritu, alma. Estos valores tienen su trascendencia y guardan una estricta relación de equilibrio. El ser humano es espíritu y materia, recuérdese bien, porque ¿de qué valdría el alma sin el cuerpo?. Y otro tanto, ¿de qué serviría el cuerpo sólo sin el alma?
Del real – equilibrio de ambos factores vitales surge la posibilidad cierta de la realización integral del hombre. Así es como se concibe la posibilidad de que el ocultismo en general acopie conocimientos y verdades de hondo significado. Pero a esa convicción ha de sumarse también un claro sentido de razón. Lo equilibrado responde a lo lógico pero, en todos los casos, sin olvidar tampoco que una cuota de intuición ayudará también a hallar la respuesta cuando los escalones del raciocinio desaparecen en las altas cimas de lo sublime.










